Italiano (Italian) Español (Spanish) English

News

 

Etica y Estetica - Simone Casu

Intuiciones sobre futuros desarrollos de la estética de la nueva civilización

Simone Casu

 

¿Qué tiene que ver la Ética con la Estética? Demos un paso atrás y catapultémonos en el pasado,  metámonos en la cabeza de un habitante de Atenas de hace 2 500 años.

Descubrimos que ética y estética, que para nosotros están separadas, para ellos estaban unidas y eran indisolubles. La palabra kalón, que nosotros traducimos como “bello”, tenía en realidad un significado mucho más amplio que el actual. Comprendía no sólo lo que resultaba agradable al ojo y al oído, sino también la calidad del carácter y de la mente humana, la calidad moral y ética.

Los antiguos mantenían separada la esfera de lo “bello” del arte, porque daban a la belleza un fundamento ontológico, que se puede encontrar en todas las cosas del Universo, desde las manifestaciones de la naturaleza a las sociales. En el arte consideran el cuerpo del hombre y de la mujer como lo más noble y elevado entre los seres naturales. Por esto mismo, el hombre es capaz de expresar su belleza, además de hacerlo a través de la proporción de las formas físicas, también lo hace mediante la dignidad de los comportamientos prácticos: de aquí deriva el fuerte vínculo entre bello y bueno, que en la Grecia clásica encuentra su expresión suprema en el ideal formativo de la kalokagathía, condición propia de quien saber ser y constituirse al mismo tiempo bello y bueno.

Kalogathòs une el término kalós, bello, que es la belleza física, con la inevitable aura erótica y sensual que le acompaña y bueno, agathós, que representa el aspecto moral, unido a los matices del vivir social y mundano. Lo “bello” era así un concepto de significado muy complejo y rico, que se puede resumir en tres características fundamentales:

1. la armonía, que se revela en el equilibrio cósmico

2. la simetría, esto es, repetición de elementos iguales o similares

3. la euritmia, es decir, el ritmo y proporciones correctas

Todo ello está bien expresado en el concepto de kósmos, que se refiere a la belleza de un objeto debida a la perfección de su estructura en razón de la proporción de todas sus partes. En el campo de las artes verbales, come refiere el mismo Homero, el concepto de kósmos se relaciona con la armonía y a la coherencia. Estos griegos, ¡qué pensadores! Pero sus ideas,  no eran sólo ideas sobre la belleza, sino algo más complejo y profundo hacia donde puede que estamos volviendo. Otro fundamento de la estética del pasado viene de la visión de Santo Tomás, que decía: Ad pulchritudinem trìa requiruntum integritas, consonantia, claritas, que se puede traducir así: son tres las condiciones de lo bello, la integridad, la armonía y el esplendor. También en este caso se puede quedar con la boca abierta de frente a la majestuosidad de tales visiones.

Integridad, característica de lo bello, es, de hecho, un término que normalmente se refiere a la ética, se dice que una persona es íntegra moralmente. El esplendor o claritas, en cambio, se asocia a algo en movimiento que vive, donde hay un elemento temporal. El tiempo que la luz tarda en llegar de la fuente a la periferia. Una luz quizás constructiva y creativa, a través de la cual se constituyen las cosas. La belleza es entonces, un actuar, como la intencionalidad, humana y no un modelo estático, un acto de voluntad que Santo Tomás atribuye a Dios.

Dios, con el acto de amor que es la creación, según Santo Tomás, ha hecho las criaturas bellas y el caos transformado en cosmos, es un reflejo de su belleza. Así todas sus criaturas, entre las que destaca el hombre, participan de su belleza, que suscita en el hombre el deseo de amarlo y de alcanzarlo. Así es que la belleza como la ética son una tendencia, un ir hacia un objeto, propio de la conciencia humana que lanza continuamente actos mentales no separables de los objetos a los que estos se dirigen.

Entonces, la belleza no era sólo un objeto, sino un acto, una tendencia hacia una abstracción de totalidad perfecta e idealizada. Para Santo Tomás, la obra de arte en sí no es moral ni inmoral, se convierte en una cosa o en otra sólo si ayuda al hombre en su perfeccionamiento o si se lo impide. En este sentido, habrá un bello “formal”, que se detiene ante la belleza superficial, y un bello “integral”, que participa al mismo tiempo de la belleza y del bien.

Interesante visión que hoy podríamos definir holística o integral, que quiere elevar a categoría estética todas las cosas justas o viceversa. En efecto, esta concepción ética de la belleza está bien arraigada en nuestra cultura. Se dice que una persona vulgar, violenta o arrogante es “bruto”, o de un gesto de compasión o virtuoso se dice que es “bello”.

Pero volvamos a nuestros días, a lo que ha sucedido en la Edad Moderna. En la corriente romántica, que inició en el 1800, lo sublime, lo estático, lo trascendente se convirtieron en nuevos modelos de registros a los que referirse para la búsqueda de lo bello. Lo bello es fruto de un sentimiento, de una sensibilidad, más que de una idea, o modelo, matemático-geométrico como había sido en la Antigüedad o en la Edad Media. Basta recordar, por ejemplo, el uso de la proporción áurea en la composición artística.

La armonía para los románticos se extiende a la relación con la naturaleza y el propio sentimiento sirve de patrón para medir todas las cosas, así que lo bello se acerca a un registro, más que a una organización de elementos.

El sentimiento existencial de la estética romántica ha influido en todo el arte sucesivo y ha puesto de relieve el componente individual y subjetivo de lo bello. Por este camino ha ido creciendo sucesivamente hasta cerrarse en sí mismo, dando vida al mito del artista incomprendido que sufre. El sentimiento desvinculado de esta manera de un modelo estético colectivo que hiciera de referencia, condición propia de las épocas precedentes, se vuelve más frágil y mutable. Entonces, también lo horrible, lo vulgar, lo bruto, la locura, lo trágico y el vacío podían cargarse de valores estéticos, porque eran “emocionantes”. Este sentimentalismo individual, podía ser tan puntual que se podía convertir hasta en algo solipsístico, fundamentalmente cerrado al mundo o incluso a él contrapuesto. El otro extremo de este fenómeno se alcanza al afirmar y creer que la obra de arte sea tal en cuanto fruto del quehacer artístico individual. De esta manera, hasta una letrina puede ser arte en cuanto venga bautizada por el artista.

Cierto es que si se utiliza un término, como el amor o la libertad para justificar una guerra, estos dos conceptos que son portadores de cargas energéticas específicas y potentes, se desintegran confundiendo los registros que se refieren a ellos. ¿Cómo puede una palabra designar fenómenos tan opuestos?

¿Cómo puede un “cráneo” ser bello? De este modo se ha violentado al arte, que había sido siempre un punto de referencia para la estética, y la estética, de consecuencia, se ha convertido en pura superficie vaciada de su fuerza moral y de su competencia estructural que quería como bello todo lo que era bueno y justo. Aunque la corrupción de lo bello ya estaba en marcha, en aquella repetición de modelos que hoy llamamos arte comercial, es a través de la modificación radical de los conceptos que se produce el pasaje más comprometedor.

Para compensar la desintegración de lo bello integral, se intenta entonces sustituir el vacío creado con lo bello formal, a través de la cosificación y la justificación científica. Lo bello transformado en mercancía se mecaniza y se obtiene gracias a la producción a gran escala de objetos industriales, todos iguales, encadenados al consumismo y a la moda, en los que se estandarizan los modelos estéticos de masa que vienen suministrados a través de la manipulación psicológica y del uso de los medios de comunicación de masas.

Por otra parte, existe un bello científicamente probado, dado que las ciencias modernas como la psicología, la neurología y la fisiología, buscan la raíz psico-fisiológica de lo bello, confundiendo las concomitancias y los fenómenos fisiológicos agradables con el motivo esencial de lo bello. Lo bello sensual se va mecanizando como consecuencia de la reacción ante un estímulo, volviendo pasivo al espectador, que no es otra cosa que un buscador de estímulos y no la parte activa creativa en la construcción de lo bello.

Lo bello no está por tanto, en el centro del arte, de la filosofía, de la política y de la economía. Lo bruto, la expresión de la violencia, impone su estética. La estética de la arrogancia, de lo cursi, de la basura y del poder. No quiero decir que a lo largo de la historia no se hayan dado también estos casos, pero seguramente hoy en día nos encontramos una herencia pesada de cúmulos de basura. La centralidad del beneficio se ha comido a la ética y por ello lo bruto tiene tanto éxito que sustituye a lo bello, pero a diferencia de éste, se convierte sólo en una caricatura sin sentido.

¿Cómo hacer para que lo bueno y lo bello vuelva al centro de nuestra vida?

Para nosotros del Instituto ESTETRA para que se pudiera operar un cambio profundo con respecto al pasado ha sido necesario entender qué había sucedido y por qué se había llegado al triunfo de la estética nihilista. En primer lugar nos preguntamos, ¿por qué razón en la historia, la ética y la estética se han encontrado lado a lado hasta resultar indistinguibles? Descubrimos que ellas ocupaban un mismo espacio en los seres humanos y en las categorías de bello y bruto resultan toda una serie de registros comunes a las categorías morales y éticas de bueno y de justo.

¿Recordáis las características griegas y medievales? Bien, con un sondeo hemos intentado ampliarlas con un juego libre de asociaciones (por contraste o similitud) que dio lugar a este recuadro.

Bello

Bruto

Armonioso

No armonioso

Proporcionado

Desproporcionado

Eurítmico

Asonante

Coherente

Incoherente

Luminoso

Oscuro

Agradable

Desagradable

Bueno

Malo

Sabroso

Amargo desagradable

Placer

Dolor

No-violencia

Violencia

Amor

Odio

Altruismo

Egoísmo

Exacto

Equivocado

Sagrado

Profano

Música

Ruido

Ordenado

Desordenado

Rico

Pobre

Relajante

Produce tensión

Que funciona

Roto

Útil

Inútil

Limpieza

Suciedad

Nitidez

Confusión

Resulta evidente que Ética y Estética no son sólo conceptos, sino registros que están en la misma región de registro y es por ello que normalmente usamos los términos bello y bruto para una gran variedad de fenómenos.

En segundo lugar, intentamos entender qué es lo que diferenciaba la ética de la estética y comprendimos que aún correspondiendo a un mismo espacio de registro, se llega por canales distintos.

¿Qué diferencia hay entre el canal estético y el ético?

El canal o vía ética es principalmente analítico poco inmediato e intuitivo, mientras que el canal estético es veloz, intuitivo y sensible. Deseo ofrecerles un ejemplo. Se dice que Einstein solía definir como exactos o inexactos los cálculos de sus alumnos leyéndolos, sin comprobarlos, decía que eran brutos y por ello inexactos.  El genial matemático indio  Ramanujan Srinivasa Aaiyangar, se dice había elaborado cientos de fórmulas matemáticas correctas, pero publicó sólo una pequeña parte, aquellas que para él representaban el pensamiento de Dios. Cuando le preguntaron cómo hacía para individuar las que eran fruto del pensamiento de Dios, respondía que éste se expresaba sólo a través de la belleza. También en la física existe un concepto de Universo Elegante, y se está comprendiendo que el factor estético va más allá del sólo sentir de manera superficial.

Hemos examinado además otras características de lo bello integral y la más sorprendente, contrariamente a lo que hoy piensan muchos es ésta: es imposible que se llegue a obtener a través de procesos mecánicos. Lo bello es un misterio, único e irrepetible, lo bello es esencialmente libre, no muy diferente de nosotros los seres humanos que constituimos su íntima naturaleza. Llegamos a esta conclusión porque experimentamos que es imposible descomponer lo bello en sus elementos constitutivos como se hace por ejemplo con un automóvil.

No se puede decir que para hacer una obra de arte basta un cuadrado, un círculo, un poco de color o las siete notas musicales y algún acorde... ¿Se acuerdan de este anuncio?

En este caso vemos como desde siempre el poder ha intentado apropiarse de los contenidos del canal estético profundo. En este caso diremos sin caer en el engaño, que el producto del anuncio es sólo trigo y agua y nada de profundamente estético, se trata de un macarrón, fruto sólo de la habilidad técnica que se quiere situar en la categoría de arte.Se deduce que la visión estética es una visión integral, y por ello, no casualmente Santo Tomás le da esta característica. Se debe decir que estético tiene la misma raíz que estático. Estético significa etimológicamente “capaz de sentir”, mientras que estático significa “salir de sí mismo”, capacidad para identificarse y entrar en comunicación con lo divino.

Como pueden entender, los dos momentos son una misma estructura, no se pueden separar. Esto es, el éxtasis es una consecuencia de la estética, del sentir más allá de los sentidos.

En síntesis, lo bello integral no se reproduce mecánicamente y hace que nos conectemos con lo Profundo y lo Sagrado.

Lo que en cambio se puede reproducir es sin duda, lo bello formal. Se le puede descomponer en partes y reconstruir prácticamente a placer. Lo bello integral no es el resultado de la suma de los elementos, sino una nueva estructura dinámica y viva. Es único e irrepetible, propio como todo lo que no es mecánico. De hecho, si hoy pintara intentando imitar a Monet, esta expresión no vendría desde lo Profundo, sino que sería una copia. La mirada se orienta hacia el exterior y nada más. Es como cuando intentamos ser otra persona, por más que se quiera imitar seremos sólo una máscara de expresión de una especie de suicidio psicológico. A quien le interesa que las personas no sientan, que las personas no crean, sino que sigan esquemas imitando modelos externos, deberá hacer de todo para controlar este canal estético profundo e integral.

No nos debe sorprender si quien manipula el “gusto estético” manipula las conciencias de manera mucho más profunda de lo que se cree. Es por ello que cada poder ha intervenido rápidamente sobre la estética. Cada poder ha intentado explotar la onda estética que se ha dado en diversas zonas y épocas. El concepto es simple, cualquier cosa o contenido inmoral se purifica si se lo convierte en bello. Nos fiamos de la belleza como de nuestra madre. Y nuestra madre no nos puede hacer daño.

Si la forma se vuelve agradable, la gente será abierta y sensible y podrá asumir determinados contenidos. Simple y eficaz. Es como echar azúcar al jarabe o desodorante en los baños. Se disimula y se recubre todo lo que nos quieren hacer tragar. Estos son los viejos modelos en los que a través del canal estético se trata de manipular profundamente las conciencias.

¿Qué nos puede dar una verdadera Nueva Estética?

Y aquí entra en juego lo que han intentado alejar de la estética. Lo único que puede venir a salvar lo bello formal haciéndolo integral es la ÉTICA.

La estética integral, o como la definimos en el Instituto ESTETRA, estética de la Trascendencia, no es separable del componente ético, y es una manifestación de una gran sensibilidad y atracción hacia la coherencia interna y social.

Imagina que en el futuro se desarrolla esta nueva capacidad estética. Llega uno que te quiere engañar, manipular y tú no tienes ni siquiera que escucharle. Lo miras y ves que es bruto, y basta. Como nuestros políticos y señoritos. Reaccionando de este modo tenemos una gran fuerza. Tenemos un modo de observar, sentir y estar en el mundo, profundamente estético. Así hacen las nuevas generaciones. Te miran y entienden si les quieres tomar el pelo. Reconocen la coherencia y la no-violencia a través de una estructuración ideológica, propia de la ética, pero estética.

Pero, ¿qué se puede hacer para desarrollar esta sensibilidad ético-estética?

Tendríamos tantas sugerencias que ofrecer, porque nos ocupamos de ello con nuestra didáctica, pero las podemos resumir en pocas y simples indicaciones:
  1. Mediante la meditación profunda sobre sí mismo y el mundo
  2. Mediante el contacto con lo Sagrado que está en nosotros y en el mundo
  3. Mediante la acción no-violenta en el tratarnos como buenos amigos y relacionarnos con los demás como hermanos

Pensamiento, sentimiento y acción que se mueven coherentemente, en armonía, euritmia, crean de este modo proporción y generan luminosidad. Y ello no se puede obtener mecánicamente, sino intentando llegar a aquel estado de conciencia particular del que nace toda estética integral, aquel estado de inspiración fundamental en el arte. Silo habla de la Conciencia Inspirada como un estado particular en el que podemos comprender más a fondo el sentido de la existencia, y es desde ese punto profundo de cada uno de nosotros que nacerá la Nueva Estética.

Por último, quiero acabar con una sencilla frase del sensible y gran poeta Bertol Brecht que une la ética con la estética.

“Que todas las artes concurran al arte más grande: el arte de vivir”

Previous page: Ponencias Attigliano  Next page: Ponencias Manantiales